Morgan-El  2008 08 01

SESIÓN DEL 1/8/08

 

Médium: Jorge Olguín.

Interlocutor: Manuel M.

Entidad que se presentó a dialogar: Maestro Morgan-El.

 

Habló sobre el deseo de investigar, sus motivaciones y las limitaciones aún siendo espíritu. Hay quien defiende que la teoría del campo unificado de Einstein tuvo éxito, aunque no es así. Habló sobre las fuerzas estudiadas por los físicos y otras teorías, también sobre el nivel de importancia de los investigadores. Sobre su relación con Johnakan explicó alguna de sus vidas donde se encontraron. Fue amigo de Ananda en la época de Siddharta. Sufría una enfermedad en las piernas por la que tenía baja estima. Habló con Siddharta porque no veía la aplicación del desapego porque su dolor era real, no encontraba pareja y no podía hacer ciertos trabajos y llevar una vida normal. Este le explicó sobre los apegos que no reconocemos, la importancia de todas las tareas, la diversidad de caminos, el respetarse a uno mismo. Consiguió salir adelante. Muchos se autoinvalidan o idolatran, presas de sus roles. En otra vida ya muy mayor conoció a Juan Zebedeo, aunque no entró en el grupo. Al poco tiempo volvió a encarnar y se encontró de nuevo con él, esta vez ya mayor Juan. Relató algunas vivencias. Resaltó que todos somos importantes independientemente de nuestros defectos.

 

 

Morgan-El: ¿Cómo estás, querido 10%?

 

Interlocutor: Bien, bien. ¿Y tú, Morgan-El, como estás?

 

Morgan-El: Bien, bien. Siempre con las investigaciones, con la humildad de investigar y hablo de humildad de investigar porque sólo el hecho de investigar está dando a entender que se investiga lo que no se conoce, se investiga lo que no se sabe.

 

Admitimos lo limitados que somos en cuanto a conocimiento y que si a nosotros -como seres espirituales, aún habiendo estado encarnados cientos de veces- no nos alcanza el tiempo para conocer todo lo que es la Creación y más allá, me imagino a vosotros estando encarnados, siendo que vuestra avidez es independiente de la nuestra; porque muchos -la gran mayoría que desconocen la posibilidad del mundo espiritual- sienten como que son un 100%; si bien muchos por instinto saben que hay alguien más allá que les está orientando.

 

Entonces, el tener el deseo de investigar nos hace ser reconocidos por otros seres similares a nosotros dando a entender -entre nosotros- que, con cada conocimiento que incorporamos vamos reconociendo todo lo que todavía nos falta por conocer y lo tremendamente limitados que somos.

 

Pero bueno, aparte de ser útiles, esa es nuestra misión: el averiguar lo que todavía no conocemos y poder transmitirlo. Acá no se trata de facilitar tareas, no se trata de transmitir descubrimientos para que la otra persona se acostumbre a recibir conceptos y que pierda su interés. Si lo viéramos desde ese punto de vista derrotista nadie escribiría un libro en el plano físico porque diría: "¿Para qué? Tomamos el libro de otro autor y aprendemos más". Nadie tendría la avidez de componer una música… ¿Para qué? Ya otros han compuesto y podemos deleitarnos escuchándola. ¿Para qué vamos a investigar si hay Maestros que investigan por nosotros? Con estas respuestas estoy diciendo que no es así. Aquel ser encarnado que tiene el deseo de investigar lo va a seguir haciendo aunque se le develen supuestos misterios que no son tales.

 

Si deseas comenzar con preguntas o comentarios...

 

Interlocutor: Sí, Morgan-El, me gustaría comenzar con algunas preguntas que considero relativamente simples del tipo espiritual y luego pasar a algunas preguntas científicas. Justamente una pregunta que agregué hoy, pero luego te la leería y te podría en el tema. Tiene que ver con una situación que me está tocando vivir de un debate que tengo con una persona que no sé si es científico o no, -él dice serlo- y le llegó a él una respuesta a unas consultas que me hicieron y...

 

Morgan-El: ¿Quieres comenzar por esa y ya la sacamos de encima?

 

Interlocutor: Sí, podríamos comenzar por esa. Gracias, Morgan-El. Justamente se trata de la teoría de campo unificado de Einstein. Voy a leer lo que tengo aquí escrito para poner a nuestra audiencia en el tema…

 

Morgan-El: De todas maneras no es por interrumpirte, pero no suelo ser irónico como Ruanel al que respeto muchísimo, pero si yo fuera Ruanel preguntaría: ¿De qué teoría de Einstein me hablas?

 

Interlocutor: Por eso quiero ponerte en el tema. Es para ver cuales son los tejes y manejes que hay detrás de todo eso.

 

Morgan-El: Bien. Comencemos.

 

Interlocutor: Mira, en la década del siglo XX, Einstein habría comenzado a trabajar en la llamada teoría del campo unificado. Se trataba de una propuesta de unificación de las fuerzas gravitatorias y las fuerzas electromagnéticas. El campo gravitatorio y el campo electromagnético, serían distintos aspectos de un campo de fuerzas único y fundamental que subyace en la naturaleza. Ese era el inside einsteniano. Esta hipótesis plausible data de cuando aún no se sabía de la existencia de la fuerza débil -presente en la desintegración radiactiva- y de la fuerza fuerte -presente en el núcleo atómico- y de por lo menos cuarenta años antes del surgimiento de la teoría cuántica de las fuerzas fundamentales. El Standard Model.

 

Se ha dicho que la propuesta de Einstein resultó completamente infructuosa; y eso es bien conocido en la historia científica. Pero algunos investigadores -sé de varios y hasta de cierto prestigio científico- sostienen que Einstein habría tenido éxito en su trabajo teórico pero que los inside fundamentales de su teoría y algunos experimentos que confirmarían la validez física de la misma habrían sido ocultados de la comunidad científica, o lo que es peor aún; que la inquisición científica no ha dejado salir a la luz los revolucionarios experimentos sobre antigravitación, propulsión electromagnética, control de la inercia, etcétera, realizado por aquellos científicos que han trabajado secretamente con los inside de la teoría del campo unificado de Einstein.

 

La pregunta es la siguiente, Morgan-El: ¿Sabes tú, si la teoría del campo unificado de Einstein tiene alguna validez científica o estamos sólo frente a los conspiranoicos de turno?

 

 

Morgan-El: No. No tiene ninguna validez científica. Primero porque no se puede hablar de antigravedad cuando desconocen lo que es la gravedad. No se puede hablar de anular la fuerza gravitatoria cuando ya hemos desvelado que la gravedad no es una cuarta fuerza. No se puede hablar de anular la inercia. No se puede hablar de esos temas porque lo que están haciendo algunos científicos y que lo están llevando a la práctica es mezclar las fuerzas.

 

Primero: Toda fuerza tiene posibilidad de ser aislada. Eso es un avance que los científicos todavía no han demostrado. Por lo menos no en Sol 3. No en este mundo. Toda fuerza puede ser aislada...

 

Interlocutor: Perdón, Morgan-El. Sé que la fuerza electromagnética puede ser aislada y eso se sabe desde el siglo XIX, con la jaula de Faraday.

 

Morgan-El: Correcto.

 

Interlocutor: Sin embargo, que la fuerza fuerte y la débil puedan ser aisladas, eso sería una novedad.

 

Morgan-El: Pueden ser aisladas perfectamente. Obviamente que hoy en Sol 3 no están los adelantos suficientes como para lograrlo. En otros mundos sí han sido logrados. Por el contrario, la gravedad no puede ser aislada puesto que no es una fuerza; entonces, no hay manera de conectarla -si se entiende la palabra- con el electromagnetismo. Hoy, aún sin conocer nada de la historia científica, cualquier estudiante de la secundaria -de la High School-,  cualquier estudiante básico relaciona casi de inmediato el magnetismo con la electricidad. Sin embargo, no hay ningún estudiante avanzado que haya profundizado sobre los sistemas gravitatorios.

 

Entonces, cuando se habla de que Einstein ha investigado el campo unificado, tú mismo lo afirmas como 10% mío, que hubo científicos en su época que miraban al maestro con cierta condescendencia como diciendo: "Bueno, lo está tomando en este momento como una distracción, como un entretenimiento. No hace mal a nadie".

 

De todas maneras, él ha sobresalido con las teorías de la relatividad, tanto la especial como la general y como tú bien dices, querido 10% -y ahora yéndome un poco del tema del campo unificado- la teoría de la relatividad general no ha prestado ninguna colaboración a todo el desarrollo científico del último cuarto del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI al punto tal de que la mayoría de los descubrimientos actuales a nivel cuántico prescinden en un 100% de dicha teoría, no así de la especial que puede tomar parte de ella para otros enunciados.

 

Entonces, si bien para muchos, Einstein está considerado como uno de los científicos más importante del siglo XX -otros dicen quizás el más-, hay una teoría que quedó ahí flotando y que de todas maneras otros científicos -que incluso han hecho teoremas matemáticos, teorías matemáticas- también estaban al filo de descubrir posibilidades relativistas como la de Albert Einstein.

 

Interlocutor: Sí, en el caso de Poincaré. Poincaré está bien cerca de la ley de movimiento y la modificación de la masa con la velocidad.

 

Morgan-El: Correcto. Entonces, cuando otros Maestros dicen que en el plano físico nadie es imprescindible, yo puedo decir "Tienen razón" con un 100% de seguridad, como también puedo decir "Están equivocados" con un 100% de seguridad y no hay contradicción. Y paso a explicar porqué, porque los misterios no forman parte de mi existencia, por lo menos no el aumentarlos sino justamente el descifrarlos. ¿Sí? ¿Hasta ahí me sigues?

 

Interlocutor: Sí, sí. Bueno, ese es mi criterio, también, Morgan-El. (Entre risas).

 

Morgan-El: Nadie es imprescindible en el sentido de que otro teórico hubiera llegado a conclusiones similares, pero por otro lado sí son imprescindibles en ganar tiempo. Como por ejemplo aquel científico que desarrolló una vacuna que otro la podía haber desarrollado décadas después pero en este caso lo imprescindible es que ganando tres décadas de tiempo salvó miles o millones de vidas. Entonces esa contradicción es una paradoja válida; nadie es imprescindible porque se hubiera llegado al descubrimiento de esa vacuna, a su aplicación y sí, también, se puede decir que esa persona es imprescindible porque lo logró a tiempo de frenar determinada epidemia evitando millones de pérdidas. ¿Eso queda claro?

 

Interlocutor: Sí, queda claro. Estaba pensando justamente en la contraparte de eso, en las investigaciones en física nuclear al parecer hechas a destiempo. Alguien se adelantó, se adelantaron demasiado, lograron demasiado éxito... ¿pero para qué? Porque encontraron una forma de destrucción masiva espantosa.

 

Morgan-El: Hace muchos años atrás -cuando digo 'muchos', me refiero en estas investigaciones que son tan precisas, a un poquito más de una década- el excelso Johnakan y el querido Ruanel dieron a conocer que de acuerdo a la expectativa de como venía la marcha de la civilización, existía la posibilidad de que hasta mitad del siglo XXI no se desarrollara la energía atómica y no se puede decir que algo sea un accidente, y aparte, según Radael -que su 10% siempre comenta que Eón dice que todo ya está escrito- entonces ya estaba escrito que en el siglo XIX.38 (1938) se obtuviera esa posibilidad, como también -y esto lo dijo el propio Ruanel- había la posibilidad de que terminando la primera mitad del siglo XX un espíritu al encarnar desarrollara más rápidamente la teoría genética para que ya pasada la primera década de la segunda mitad del siglo XX estuviera completamente terminada la teoría. Ese espíritu, por negarse a encarnar antes del tiempo que encarnó, eso quedó sin efecto; retrasando cuatro décadas ese desarrollo genético -o aún no se ha terminado de comprender totalmente- puesto que los científicos ignoran -como dice Johnakan Ur-El- la segunda parte, que es el código genético de raza que dictamina la duración de la raza, no la duración de cada individuo. A diferencia del código genético que marca la duración del individuo, que esta en el ADN, la duración de la raza se puede detectar en el ARN que es el código mensajero. Simplemente eso quería comentar y bueno, puedes seguir.

 

Interlocutor: Muchas gracias, Morgan-El, por tus precisiones. Sí, me gustaría preguntarte algunas otras cosas.

Morgan-El, en sesiones anteriores has mencionado al excelso Maestro Johnakan Ur-El diciendo que habían elucubrado juntos algún tema, otras veces le has agradecido a ese querido Maestro por haberte esclarecido o asesorado sobre algún tema, pero muchas veces te has referido a él como tu hermano espiritual. ¿Puedes decirme -y esto es una curiosidad mía- cuanto tiempo hace que ustedes se conocen como  espíritus?

 

Morgan-El: Nos conocemos hace cuatro millones quinientos mil años.

 

Interlocutor: ¡Cuatro millones y medio de años!

 

Morgan-El: Sí.

 Interlocutor: ¡Pero eso es inimaginable para nosotros con esta vida tan finita! (Riéndose).

 

Morgan-El: Es la milésima parte de la edad que tiene este mundo, Sol 3.

Interlocutor: Pero entonces sus partes encarnadas en esa época estarían en mundos completamente diferentes de este porque hace cuatro millones y medio de años no existía el Homo sapiens aquí; ¿o sí existía?

 

Morgan-El: Hemos encarnado en otros mundos.

 

Interlocutor: ¿En otros mundos?

 

Morgan-El: Sí, totalmente. Y hemos tenido la satisfacción de encarnar en distintas oportunidades juntos...

 

Interlocutor: ¡Han encarnado juntos! ¿Aquí en Sol 3 es la primera vez que han encarnado juntos o ya habían encarnado antes?

 

Morgan-El: No, en Sol 3 se ha producido dos veces.

 

Interlocutor: ¿Hay otra anterior?

 

Morgan-El: Sí, se ha producido cuando estaba el Maestro Siddhartha encarnado y cuando estaba el Maestro Jesús encarnado.

 

Interlocutor: ¿Siddhartha Gautama, el Buda? El Maestro Johnakan tenía el rol de Ananda, el primo.

 

Morgan-El: Correcto, así es.

 

Interlocutor: Y en el tiempo de Jesús tenía el rol de uno de los discípulos, Juan Zebedeo.

 

Morgan-El: Sí.

 

Interlocutor: ¿Y tú? No sé que papel tenías ahí en esa época.

 

 

Morgan-El: Si quieres te cuento un poco de la parte de Ananda.

 

Interlocutor: Cuéntame a ver.

 

Morgan-El: Con Ananda fuimos muy, muy amigos. No éramos muy respetuosos de la enseñanza de su primo Siddhartha. Ananda era más joven y yo era más joven todavía. Me llamaba Ayanti y tuve la tremenda desgracia de tener una enfermedad que me afectó la parte ósea, en las piernas, y no llegué a desencarnar pero es como que mis dos piernas quedaron debilitadas; entonces caminaba no con una especie de muletas pero me costaba muchísimo caminar y a veces sí tenía que tener un madero para sostenerme y sentía un rencor tremendo por todo lo que era la vida. Hasta que una noche tuvimos una charla de más de cinco horas con el querido Ananda y este ser tan extraordinario que era Siddhartha -al que yo respetaba mucho- y él me decía:

 

Siddhartha: Ayanti, el mundo físico es ilusión. No tienes que sufrir por lo que te pasó en las piernas.

 

 Ayanti: ¿Cómo va a ser ilusión, Maestro si tenemos hambre, sueño, frío, sed, deseos, enfermedades, cosas que yo ignoraba?

 

  Siddhartha: ¡Cosas que yo ignoraba más que tú! -me dijo el Maestro- ¡Cosas que me ocultaron! Y he sufrido un tremendo shock, un tremendo golpe emocional cuando me di cuenta de que existía la muerte, la enfermedad, la pobreza, las clases, hasta que de repente mi conciencia se despertó y me di cuenta de que el verdadero sufrimiento lo trae el apego, porque el apego es vano.

 

Ayanti: Pero Maestro, hay algo que no entiendo. Supongamos que yo creo en sus palabras, quiero difundir esas palabras a los demás, pero mis piernas son débiles. Veo que vosotros camináis millas y millas y yo a veces me abstengo de seguirlos, me quedo en el campamento. ¿Cómo haría? Entonces, no se trata de apego; se trata de querer tener ese rol de poder transmitir esa palabra, como hace Ananda, por ejemplo, cuando usted, Maestro, no está.

 

  Siddhartha: Está bien. Te voy a responder con una pregunta: ¿Y por qué quieres transmitir la palabra? ¿Y por qué no puedes hacer otra tarea si todo es importante? Tú puedes hacer que el campamento esté en orden para cuando volvamos, que alguna de las mujeres tenga preparada la comida para que luego podamos reposar.

 

Ayanti: Maestro con todo respeto, ¿pero que hay de digno en eso?

 

Siddhartha: ¿Y porqué tú piensas que hay una tarea que es más digna que otra?

 

Ayanti: ¡Pero Maestro, lo suyo es extraordinario! ¡Está enseñando!

 

Siddhartha: ¿Qué podría enseñar yo si no tuviera quién me diera de comer? ¿O quién me armara los abrigos para el frío? ¿O el calzado, para atravesar las rocas puntiagudas? ¡Todo trabajo es importante! ¿Porqué no habría de ser digno lo que tú puedes hacer?

 

 Ayanti: Está bien. Acepto ese punto. Entiendo que es tan importante el armar un lugar donde la persona se pueda sentar como el que se sienta y da un discurso. Pero… ¿y qué hay de lo otro? Tengo mi cuerpo deforme, me está vedado el amor… ¡Quisiera tener una compañera!

 

  Siddhartha: Sí, y seguramente habrá niñas que sean cegadas por ese apego igual que tú y busquen aquel ser que sea como un dios. Y sabemos que eso es un mito. Fíjate en mí; no tengo esa necesidad. Las cosas materiales son vanas.

 

  Ayanti: Está bien, Maestro. Yo no trato de contrarrestar lo que me dice, pero, ¿y qué hay de aquellos que queremos vivir una vida normal? Que respetamos la palabra, no nos apegamos a cosas vanas, no me interesa acumular riquezas, no me interesa ser príncipe como tú.

 

  Siddhartha: Yo no soy príncipe. Yo soy un ser que ha venido aquí igual que muchos otros y cada uno con su misión. Todos los títulos que uno puede tener aquí son solamente sinsentidos.

 

  Ayanti: Vamos a la pregunta: Quiero vivir una vida común y algo me hizo esto en las piernas, una fuerza superior o una fuerza inferior y no le encuentro el significado, porque si a mí me dicen que en las esferas superiores alguien mandó algo negativo para bajar mi soberbia…, pero yo nunca fui soberbio; siempre fui un joven que hacía correrías como cualquier otro joven.

 

  Siddhartha: Tú no puedes saber, si quizá, si tal vez, eso que te sucede es para que tus correrías sean internas y puedas motivarte a descubrir cosas que otros no han descubierto.

 

 Ayanti: Pero lo dices tú, Maestro, con todo lo que sabes, esos sutras que estás comentando.

 

  Siddhartha: El camino de la verdad, Ayanti, es un camino que tiene muchas ramificaciones. Sería muy injusto que hubiera una sola ramificación. Entonces, con tu verdad puedes llegar al final del tu sendero, así como yo con la mía puedo llegar al final de mi sendero y allí nos encontraremos nuevamente.

 

 Ayanti: No me atrevo a preguntar más porque temo enojarlo.

 

 Siddhartha: Entonces no me conoces.

 

 Ayanti: Entonces, voy a preguntar, y voy a ser reiterativo: ¿Qué hay de malo en sentir apetitos físicos? Deseo estar con una joven. La deseo con un ansia que se sale de mis poros y ella no se fija en mí seguramente por lo que me pasa. Estoy medio hombre. Mi deseo me funciona, no así mis piernas. Pero no puedo correr. No soy un hombre, soy medio hombre.

 

 Siddhartha: Bueno. Para tu consuelo te diré que aquella joven que te examine y te apruebe sólo porque tú camines no es merecedora de tu amor. Aquella persona que vea más allá de tus piernas y pueda traspasar tu pecho con su vista y ver que adentro tienes algo más, esa va a ser merecedora. ¿Cómo se llama esta joven?

 

  Ayanti: Adala. Es una de las niñas que está en la cocina.

 

 Siddhartha: ¿Le has hablado?

 

 Ayanti: ¡No me atrevo!

 

  Siddhartha: ¡Ah, pero entonces no sabes si te rechaza!

 

  Ayanti: No, pero no me mira.

 

 Siddhartha: Es que ella también tiene apegos. La vergüenza es un apego. Háblale.

 

Recuerdo esta charla donde Ananda me miraba a mí, lo miraba al primo; y era una de las pocas veces que este joven que tanto hablaba se había quedado callado y no por respeto al primo -porque muchas veces han tenido debates que han llegado hasta discusiones- simplemente porque era por respeto a mí porque no quería que yo perdiera la atención de Siddhartha.

 

Le hablé a la joven. Le expresé mis sentimientos. Me respondió que yo era un ser excepcional y que nunca pensó que me iba a fijar en ella que era tan poca cosa. Y me reí a carcajadas. Luego le pedí perdón cuando ella me dijo:

 

  Adala: Te ríes de mí.

 

  Ayanti: ¡No! De mí me estoy riendo- le dije, -Porque yo pensé exactamente lo mismo.

 

 Adala: Pero tú no eres poca cosa, Ayanti.

 

Y ahí me di cuenta lo que dijo Siddhartha, que sus ojos traspasaron mi pecho para fijarse más allá de lo exterior.

 

Formé pareja, luego ya no formé más parte del grupo si bien periódicamente me veía con Ananda y pasaron los años, tuve hijos, los instruí en esta nueva filosofía a la que Siddhartha llamaba Budismo. Cuando el gran Maestro desencarnó, muchos discípulos dijeron: "¿Y ahora quién nos va a guiar?" Y todos miraron a Ananda y Ananda es como que lanzó un pequeño reto diciendo: "El Maestro no está físicamente pero sí están sus enseñanzas y nosotros como discípulos tenemos que darlas a conocer".

 

Ananda nunca quiso quedarse con el supuesto “trono” de su primo y seguimos en contacto. Nunca estuve bien físicamente del todo y desencarné dos años antes que él, pero fui muy feliz haciendo una vida normal dentro de todo. Podía trabajar en lo mío, que era tallar madera. Jamás mis piernas me impidieron hacer ninguna tarea. No me impidieron amar ni ser amado. Solamente me impedían respetarme, hasta esa noche de la larga charla donde Siddhartha me hizo entender que la importancia pasaba por otro lado.

 

Podemos seguir con las preguntas.

 

Interlocutor: Muy bonita historia, Morgan-El. Gracias por contarla. Estaba imaginando a Ayanti y Adala, ¿no? Parece que fueron una pareja feliz.

 

Morgan-El: Sí, totalmente. Y lo importante es que Siddhartha me hizo comprender el respeto por mí mismo que no pasa ni por el color de piel, ni por la estatura, ni si eres obeso o muy delgado o joven o mayor; pasa por la actitud. Y hoy, como Thetán, como Morgan-El, ya fuera de ese rol, creo exactamente lo mismo y visualizo en el plano físico cómo muchos seres son infelices porque se prejuzgan, se invalidan a sí mismos; como también veo otros que porque logran dos o tres éxitos se suben al pedestal de la supuesta gloria y aquellos que dependen de esa gloria son los que más se vuelven más exitistas porque en corto lapso, fracasan en algo y ya se sienten tan pequeños.

 

Y uno se pregunta, -con una risa irónica pero no ofensiva, irónica compasiva, ¿no?- ¿cómo el ego puede hacer variar tanto a un ser encarnado que de repente sentirse lo máximo y ya en un lapso corto sentirse lo más pequeño? ¿Hasta que punto tiene poder el ego? ¿Hasta que punto tiene poder el ego sobre aquel que tiene un poquito más de conocimiento que el otro y ya se cree que es superior? ¿Cuánta gente conocemos -y volviendo al tema original, querido 10%- de la comunidad científica que no son buenas personas, buenos esposos, buenos padres, o buenos amigos? Este receptáculo que me alberga tiene una hija, la mayor, que tenía un profesor que era un lumbrera pero con un resentimiento tremendo porque tenía un hijo con problemas de salud y trataba malísimamente mal a los alumnos de su curso y sin embargo era lo mejor en su especialidad psicológica.

 

¿Quién dijo que un buen científico es una buena persona? No siempre es así. Aparte me tomé el atrevimiento -con el permiso de Johnakan y vuestro permiso- de conceptuar vuestros decodificadores y ampliar un concepto que había dicho este receptáculo antes de iniciar la sesión, sobre un diálogo que habían tenido diez encarnados, varones y mujeres, que la comunidad los consideraba genios porque su IQ (CI) era superior a 200 y una noche debatieron sobre distintos temas mostrando debilidades, angustias, roles del ego, miserias, envidias, celos, despecho, recelos unos con los otros, indiferencia, negatividad, etc.

 

Y así como este receptáculo se lo preguntó, también lo pregunto yo. El cociente intelectual no es garantía ninguna de que esos seres estén libres de roles del ego, al contrario; no había uno sólo de los diez supuestamente genios, que tenían un IQ (CI) por encima de 200, que tuviera su ego integrado. ¡Las pasiones que desataron esa noche en los debates! Pasiones negativas, emociones dispersas, odios, rencores; una de las personas tenía un problema de salud de enfermedad terminal y en lugar de conciliarse con el Creador, destilaba odio, rencor y envidia por aquellos que quedaban en el plano físico y se lo hacía notar a los demás a cada segundo.

 

No es para argumentar nada, simplemente era un comentario que quería hacer sobre lo que había captado de vuestras mentes.

 

Interlocutor: Una reflexión...

 

Morgan-El: Y obviamente que da pena.

 

Interlocutor: Morgan-El, no sé si nos queda aún tiempo para que nos contases cómo es que conociste a Juan Zebedeo, el discípulo del Maestro Jesús y qué relación tenías con él.

 

Morgan-El: Era una relación de amistad, aunque no formaba parte de los discípulos. Aparte, me gustaba tanto esa época que he encarnado dos veces en la misma época. Yo era un pescador que viví toda la vida solitario. Enviudé muy joven. Tenía setenta años cuando conocí a los hijos de Zebedeo. Cuando lo conocí, a Juan, me encontré con un joven excitado porque comentó que había conocido a un ser maravilloso que tenía unos pensamientos nuevos, que era lo que él había pensado toda su vida y que admiraba a ese hombre como si fuera un familiar muy querido, a pesar de que lo doblaba en edad.

 

Le dije que me contara de ese hombre. Juan me dijo varias veces que fuera a las reuniones, pero yo era tan solitario, tan solitario... Pero me atraía esa idea. Pero a su vez tenía como un complejo de inferioridad por tantos años de soledad, de desprecio de parte de los romanos... Siempre trataba de pasar lo más inadvertido posible -no porque valorara la vida- porque ya era una persona que estaba viviendo sus últimos años o sus últimos meses.

 

Y quedé con esa asignatura pendiente porque nunca llegué a formar parte del grupo. A los pocos meses desencarné. Como espíritu no sentí pena ni ningún sentimiento contradictorio. Sentía amor por toda esa gente, por la tarea que llevarían a cabo posteriormente y quise volver a encarnar. Elegí una familia que estaba atenta a las palabras de este nuevo Mesías, como decían algunos. El hombre se llamaba Josué y su esposa se llamaba Sara, e intencioné encarnar en ese hogar.

 

Obviamente no tenemos memoria reencarnativa pero a los seis años de edad, mis padres -que se llevaban bien con la comunidad y tenían un perfil bajo- me enseñaron a leer y escribir. Escribía el arameo, el latín, escribía el hebreo de Judea; digamos que estaba fuera del común denominador de la época gracias a que mis padres -de aquel entonces- habían puesto toda la dedicación en su único hijo. Me llamaba Josué, como mi padre y cuando fui adolescente -que tuve diecisiete años- un hombre mayor estaba escribiendo en un pergamino en las afueras del poblado, me acerqué y conversamos. Le notaba cierto acento griego y le pregunté si era de Grecia y me dijo que no, que era nativo de ahí pero que había estado un tiempo en Grecia.

 

  Juan Zebedeo: ¿Cómo te llamas?

 

 Josué: Josué. ¿Y tú?

 

 Juan Zebedeo: Juan.

 

Tuve lo que ahora se llama un déjá vu.

 

Interlocutor: ¿Era Juan Zebedeo?

 

Morgan-El: Era Juan Zebedeo. Y le digo:

 

 Josué: Es como que te conociera. A veces tengo sueños en los que yo soy una persona mayor y hay un par de jóvenes en una barca que son dos hermanos que están siguiendo la Palabra de un Mesías.

 

Y siento como que me estudia este hombre, y me dice unas palabras que en ese momento no entendía:

 

 Juan Zebedeo: Seguramente yo conocí tu alma, en otra vida, cuando yo era joven y tú en este momento estás soñando con esa vida donde tú tenías otro nombre, eras otra persona.

 

Lo traté muchas veces hasta que a lo último él me miraba y no se acordaba quién era yo y eso que me había visto hacía una semana. Entonces pensé que su mente ya no estaba bien. Me mostró alguno de sus escritos y no los entendía y se lo hacía notar. Siempre creí que yo era un joven preparado pero no entendía esas revelaciones que me mostraba. Después supe que desencarnó y seguí mi vida.

 

Tuve pareja, una joven llamada Eva. Cuando ella era pequeña su familia había sido muy religiosa, pero cuando el padre desencarnó, -teniendo ella diecisiete años- es como que ella impuso su carácter a la madre y fue más independiente. Cuando nosotros nos comprometimos, ambos nos pusimos de acuerdo en que la religión era algo que separaba y que no cumplía la función de re-ligar, que era la función con la que alguien la había creado, por lo menos de palabra. Tuvimos hijos y los criamos dentro de lo que fue la corriente Cristiana. Siempre estudié las palabras de quien fuera el Maestro de ese hombre mayor, palabras que me conquistaron y que me marcaron como rol.

 

Años después, cuando desencarno, -un espíritu no puede reírse porque no tiene forma física, pero- me reía conceptualmente de la paradoja de haber encarnado dos veces y haber conocido a Juan con dos roles distintos. (Risas). Así que en el lapso de cinco siglos estuve tres veces con el 10% de Johnakan. Y dos veces en menos de veinte años.

 

Interlocutor: Todo eso en menos de veinte años y pasaron dos mil años para que se volviesen a encontrar o en esos dos mil años, desde la partida física del Maestro...

 

Morgan-El: Hemos estado en otros mundos compartiendo amistad e investigando. Investigando la luz sólida, lo mismo que alguna vez se investigó en la antigua Atlántida pero para no cansar tanto al receptáculo esto lo dejamos para otra sesión.

 

Interlocutor: Sí, sí. Es suficiente.

 

Morgan-El: Me alegro mucho de haber relatado esto, lo que quizá era un engrama pequeño, pero engrama al fin. Lo de la época de Ananda, como Ayanti, de no respetarme a mí mismo por un problema físico. Y cuánta gente en este presente no se respeta a sí mismo porque se siente menos, porque le falta alguna parte del cuerpo o porque desprecia su gordura o porque es bajo de estatura o porque tiene algún defecto y no se dan cuenta de lo valiosos que son por dentro como seres humanos.

 

Me hizo bien el haber hablado de esa vida. Mucho bien.

 

Interlocutor: Y yo te doy las gracias nuevamente por habernos relatado...

 

Morgan-El: Yo te doy las gracias a ti porque si no es por vosotros dos, el receptáculo y tú, nunca tuve con ningún médium la oportunidad de expresarme como lo estoy haciendo ahora.

 

Gracias. Hasta todo momento.

 

Interlocutor: Gracias, Morgan-El.